viernes, 16 de septiembre de 2016

JULIO CEJADOR, CERVANTES y el ATENEO DE MADRID (Homenaje)

Este ensayo biográfico sirve de homenaje a dos grandes autores: Cervantes y Julio Cejador.

El presente escrito se presentó para la Revista del Ateneo de Madrid y no pudo ser publicado; por eso, ha llegado el momento de que los lectores lo conozcan.

JULIO CEJADOR Y FRAUCA. El curioso investigador autodidacta.

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De Julio Cejador y Frauca se ha escrito y dicho tanto como se ha silenciado. Su manifiesta y particular personalidad, impulsa a enfocar su trayectoria tanto desde la perspectiva de la intelectualidad y tesón innato, como desde su carácter: malhumorado, huraño, introvertido, solitario y rebelde. Tal vez, y sin procurarlo, éste le llevó a las consecuencias del silencio mencionado, indeseable, cuando lo que siempre anheló fue un mayor reconocimiento de su esfuerzo, de su obra, también cuestionada en calidad y encasillada como de ejercicio rápido.

Nacido en Zaragoza un 7 de enero de 1864, a pulso se ganó los calificativos de filólogo, crítico literario, estudioso de la literatura española, lexicógrafo, fraseólogo, helenista, orientalista y cervantista, por su condición de curioso investigador autodidacta.

De los Cexadores de Ateca, familia de ilustre y noble linaje, cursó sus primeros estudios en Tudela y posteriormente en Francia. En 1880 ingresó, con sólo dieciséis, años en la Compañía de Jesús realizando el noviciado en Loyola, donde estudió por espacio de cuatro años; posiblemente una opción, la del noviciado, tomada sin la debida meditación. No obstante, esto le permite alcanzar una amplia formación que desemboca en el predilecto por las lenguas clásicas. A decir de él mismo, en lo tocante al latín lo aprendió de la lectura repetitiva de Opera omnia de Cicerón, mientras que Homero le descubrió el griego, que aprendió con gran facilidad.

Este mismo regusto e idéntica disposición le llevó a las lenguas modernas: alemán, inglés, italiano, y más allá. Como afirma en sus Recuerdos de mi vida (Cejador y Frauca, 1927): “Me di en particular al estudio del sánscrito y las lenguas indoeuropeas; continué leyendo griego a pasto y libros en vascuence”; llegando a conocer hasta nueve lenguas, añadiendo a las mencionadas el  copto, armenio, hebreo y algo de turco. Esta capacidad lingüística le permitió, con el beneplácito de sus superiores en la Orden, tras ejercer la docencia en diversas poblaciones, viajar por Oriente hasta Beirut y Palestina, para poder adentrarse en las entrañas, in situ, de las lenguas orientales y semíticas.

Pero lo que en un principio fue permisivo -pues  la formación en la Compañía de Jesús, que dura entre doce y catorce años, empezando con el noviciado de dos, seguidos de un proceso de formación intelectual donde se incluyen estudios de Humanidades, Filosofía y Teología, después se volvió en su contra tratando de silenciar su obra evitando que viera la luz.

Así, Andrés Jiménez Soler (Jiménez Soler, 1927) vino a decir de él: “... Ciertos episodios de su vida lo segregaron de una parte de la sociedad; más por muy lamentables que a muchos pareciesen aquéllos, a todos debió interesar su labor científica, independientemente del hombre; el condenarle al olvido, obligarle a un retraimiento semejante a la proscripción y dejarlo solo, fue un muy grave mal para la cultura; al proscribirlo a él proscribieron sus ideas”.

Encerrado en sí para el estudio y teniendo como aditivo la timidez, creó una imagen hacia los demás de altanería y orgullo que no le perdonaron. Cierto es que apenas se relacionaba con el resto de los hermanos, lo que le supuso más de una amonestación por seguir considerando su postura contraria a la regla, donde la finalidad principal es «la perfección cristiana, propia y ajena, para gloria y servicio de Dios».

Sin embargo, la realidad era otra: el joven jesuita necesitaba la soledad  para seguir avanzando en su trayectoria intelectual: leer, estudiar, saber. Tras su regreso  a España, tuvo como destinado Ocaña, donde estudió Teología y tuvo sus primeros problemas con los elementos más ultraconservadores de la Compañía. Todos en contra, boicotearon sus investigaciones, sus publicaciones, y le cortaron las alas por enviada, quizás. A tales infortunios  se unió un desencuentro con el erudito padre Fidel Fita, y en tal situación era un error continuar, por lo que en 1900 abandona la Orden y se pasa al clero seglar, por su condición de sacerdote.

Por aquellos albores del siglo XX Oviedo fue uno de sus primeros destinos y de entre los alumnos del padre Cejador estaba un jovencísimo Ramón Pérez de Ayala. Simpatizaron ambos desde un primer momento, y gracias a la erudición del maestro pudo el alumno recoger un gran caudal de conocimientos humanísticos. No obstante, la educación religiosa jesuita no dejó tampoco buen sabor en el futuro escritor y años más tarde, en su novela autobiográfica A.M.D.G. La vida en los colegios de jesuitasPérez de Ayala refleja con precisión la dificultad del padre Cejador para amoldarse a las estrictas y rígidas disciplinas; a su vez, éste sirvió de modelo para el personaje del padre Atienza en la obra citada:
“... pagaba con desprecio la envidia de sus hermanos y la malquerencia con el alejamiento de su trato, no salía de la covacha como no fuera para ir a la biblioteca, de donde salía cargado de volúmenes. Encerrado en su celda, rey de sus acciones, se encontraba a las mil maravillas y extraía de la caduca amarillez de los libros viejos un goce inenarrable y tranquilo”.

Así, el padre Cejador pagaba con el mismo desprecio la postura despectiva que el resto de compañeros tenían hacia él, por lo que su temperamento de natural adusto e irritable se llenó de cierta agresividad, incluso verbal, optando por un espíritu de independencia. Como escribe Antonio Marco García: No fue de los que por obediencia sacrifican su voluntad; su espíritu y su individualismo primaron sobre la firmeza de la norma jesuítica” (Marco García, 2007). Y el propio Cejador afirma: “Soy muy independiente y cuanto huele a atadura me encora. Esta fue siempre mi lucha, porque yo quería atenerme a la doctrina de San Ignacio de reglamentarlo todo como buen militar que fue, y con la reglamentación yo no sacaba nada” (Cejador y Frauca, 1927). 

Posteriormente se instala en Madrid, donde va a transmitir sus enseñanzas sobre griego y hebreo durante un año en la Facultad de Escritura del Seminario Conciliar de Madrid (1) impartiendo lecciones en las Cátedras de Teología y Sagrada Escritura. Y va ser a continuación, de 1902 a 1906 cuando va a estar en íntima unión con el Ateneo de Madrid, ya que pasará a dirigir la clase de Lingüística en la Escuela Superior del prestigioso centro.
En 1906 ganó por oposición la Cátedra de Latín y Castellano del Instituto de Palencia donde fundó un Ateneo del que fue presidente. Finalmente, en 1914 consiguió, también por oposición, la Cátedra de Lengua y Literatura Latina de la Universidad Central de Madrid.

Defensor de la lengua vasca estudió antiguas descripciones ibéricas que creyó descifrar a través del vascuence, y defiende en su obra El lenguaje que el euskera es lengua primitiva, y se funda en el hecho de que es el único idioma que conserva el estado primordial de los demostrativos. De otro modo, el desprecio de Cejador y Frauca hacia la cultura islámica se dejaba ver en expresiones tales como, “la literatura castellana no debe nada a la arábiga” y considera a los árabes como parte de una civilización barbárica.

A pesar de sus estudios y teorías se le tachó de pluma ágil y rápida, a menudo incompleta, precipitada y dispersa, por lo que recibió censuras de otros eruditos, como Luis Astrana Marín, Julio Casares y el polígrafo peruano Marqués de Montealegre de Aulestia, o su propio discípulo Julio de Urquijo, quien dijo de él en La tragedia de Cejador, primero que fracasó por trabajar sin método, y por las afirmaciones que sobre el vascuence llevó a cabo: que todas las lenguas evolucionan menos el vascuence, no detenerse en el análisis de las sílabas en las palabras, y empeñarse en sostener que el vascuence es la lengua primitiva de la humanidad de las que derivan todas las del mundo.

Volviendo a su etapa en el Ateneo de Madrid, Julio Cejador fue el socio de número 7.186, y conforme refleja su ficha de ateneísta, residió en la calle Urquijo, 8.

Según reza en los anales de la ilustre casa, Julio Cejador y Frauca forma parte del elenco de profesores de la Escuela de Estudios Superiores durante los cursos 1903-1904, 1904-1905 y 1905-1906.

Detallando cada uno de ellos, para el curso de 1903-1904, octavo desde la fundación de la prestigiosa escuela, en el área referente a las Ciencias Filológicas (3), Cejador va a tener el programa divido en dos partes: Embriología del lenguajes, con veinte lecciones, y Etimología y origen del Castellano, con otras trece lecciones, a cual más suculentas y llenas de interés con títulos como: “Resultados ideológicos sobre la naturaleza de las vocales y consonantes en su valor psicológico”, “La lengua primitiva en sus elementos embiogenéticos, constituida por un sistema demostrativo que acompaña al lenguaje del gesto” o “Sistema de leyes fonéticas deducidas de la investigación precedente, como base para declarar el genio fonético de nuestro romance, tan distinto del latino en muchos puntos”. Lo que viene a demostrar por lo enrevesado de los títulos el carácter complejo y peliagudo de su autor. Así pues, en la memoria que se publicó al año siguiente, se escribe acerca de su didáctica: “Las lecciones que dio el sabio filólogo D. Julio Cejador sobre Filología comparada, con una síntesis breve del libro que acaba de ver la luz con el título Embriogenia del lenguaje, tercero de su monumental obra en publicación. En la imposibilidad de extraer un asunto que pudiéramos así hacer ininteligible, insertamos a continuación el hermoso prólogo del citado libro, en el cual precisamente se contiene todo aquello que fue objeto de las explicaciones del pasado curso”.

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Por otro lado, y durante el curso 1904-1905 D. Julio va a ocuparse de las Ciencias Filológicas  bajo el título “Laboratorio de Lingüística. La vida de las palabras”, donde el programa va a ser el “Estudio del cambio fonético y semántico de las palabras, partiendo del Quijote hasta su primitivo origen”. Con la anotación de que “el profesor no ha tenido por conveniente redactar de antemano el programa, por no prestarse a ello el asunto de la obra inmortal de Cervantes, estudiándolas en dicha obra, en los autores más antiguos, en el latín, griego y demás lenguas de donde proceden". No obstante, la lengua y literatura del personaje español por excelencia son su fuente de estudio, como demuestra en El Quijote y la lengua Castellana, donde Cejador califica de intraducible la obra cervantina ya que el idioma es el alma del pueblo, y afirma que la lengua castellana es el archivo, el cerebro, la fantasía y el corazón del pueblo español.

Dicha obra fue publicada por el Ateneo en 1905 con motivo del III Centenario de la publicación del Quijote en el homenaje que esta docta casa organizó, desde la iniciativa de la Sección de Literatura, presidida por Francisco Navarro Ledesma, con “una serie de conferencias breves, familiares e íntimas, sin aparato académico” en las que participaron nombres como Pérez de Ayala, Azorín, Bonilla, Canalejas, Ibáñez Marín, Jiménez Campaña, Mesa, Morato, Navarro y Ledesma, Nogales, Ovejero, Palomero, Roda, Royo Villanova, Salillas, Urbano, Val y Vicente. Poesías de Darío e Icaza, según reza en el prólogo del boletín referente al III Centenario del Quijote.

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En la memoria que del presente curso se hizo, se dijo de Cejador: “… a la par que aumenta el número de sus admiradores, es mayor el esfuerzo intelectual que se exige… Su labor notable en el Laboratorio de Lingüística se halla contenida en la obra, que con el título La Lengua de Cervantes, Gramática y Diccionario de la Lengua castellana en El Ingeniosos Hidalgo Don Quijote de la Mancha, mereció el premio de 3.500 pesetas del certamen abierto”. “El efecto total de esta Gramática es el de una obra tan nueva, que no se parece en nada a las gramáticas que hemos estudiado y que tenemos por costumbre de ver y manejar… parece un libro que expone una ciencia nueva sobre el castellano”. Y se añade: “… el Sr. Cejador cuando emprende una tarea la lleva al cabo de una manera más completa, y además no puede prescindir de su inmensa erudición y de su espíritu científico”. Como colofón a esta memoria: “De esperar es que profesor tan laborioso y tan sabio, cultivador de una ciencia como la suya, lamentablemente olvidada, encuentre en su patria el merecido premio a la labor infatigable…”

Para el curso 10905-1906 en la Escuela de Estudios Superiores, Cejador vuelve a encargarse de la Ciencias Filológicas, bajo el epígrafe de Lingüística comparada (tercer curso) donde impartirá en catorce lecciones todo lo referente al estudio del lenguaje.

Ese mismo año, en las llamadas conferencias de extensión universitaria, Cejador predicará  De cómo empezar a hablar a los hombres. También colaboró para la Revista del Ateneo; tal es el tema: Hervás y Jones (Las bodas reales. Mayo, 1906. Año I, nº 5).

Está visto, pues, que el Ateneo tiene palabras alentadoras para Cejador cuando se dice honrado de haber descubierto un sabio insigne, desconocido, a pesar de sus eruditas publicaciones (ver anexo). Pero donde él se despacha sin tapujos es en su, ya citada biografía, Recuerdos de mi vida, y habla de su malestar ante la sociedad que sigue sin valorar su esfuerzo y formación autodidacta, y en ningún momento se reprime de arremeter contra las instituciones culturales de la época, incluyendo el Ateneo, lo que viene a demostrar que no cuidó el apoyo que se le daba y que tanto beneficio le hubiera procurado.

Dice de sí: “Soy muy altanero en otra cosa: en haberme propuesto sobresalir como lingüista y que se hablara de mí en el mundo. Ya hoy aquellos sueños se me han enfriado y no daría un paso por tales vaciedades, que también lo son, (…) me hacen mella todavía los desprecios en esta parte y las desconsideraciones y el silencio sobre mis libros. (…) Sólo me diferencio en que busco honras de más sustancia, fundadas en verdaderos méritos, en el verdadero saber y valer intelectual (…) veo que soy tan necio como los que buscan ser honrados en vida con honores y cargos sin merecimiento alguno”. Y añade: “Yo he sido un hombre que se ha pasado la vida entre libros, estudiando, entre gentes observando y a solas por los campos meditando. De los cuarenta y seis años que tengo, las tres cuartas partes me lo he pasado a mis solas discurriendo sobre lo que había leído y observado. La soledad fue siempre mi mejor amiga; ¡Bendita ella! El trato y comercio con las gentes sigue siendo para mí tan sólo como rato de investigación y experimento en que allego materiales que rumiar y pensar después, cuando a solas vuelvo a mí, dejando de ser de los demás” (Cejador y Frauca, 1927).

Julio Cejador y Frauca, muere en Madrid el 1 de enero de 1927, sin duda una gran pérdida de alguien que se hizo a sí mismo en un ambicioso proyecto de estudio e intelectualidad mal entendida por algunos. Fue, en opinión de Ricardo del Arco, “la franqueza aragonesa andando, y ser franco le perdió para siempre”.

Por otro lado, su ya mencionado discípulo Julio de Urquijo, escribió en lo que fue un epitafio para el maestro: “Se nos ha acusado a los vascos de falta de agradecimiento con Cejador… acusación injusta… reconocidos a su buena voluntad y entusiasmos por nuestras cosas, no nos era dado, sin embargo, difundir, ni ensalzar sus trabajos. El escritor aragonés mostró una incomprensión absoluta de los problemas que presenta el vascuence… la lengua vasca tiene demasiadas bellezas para que pueda admitirse se la adorne con plumas ajenas”.

Como colofón más palabras de lamento: “Yo me iré de este mundo sin saber que nadie haya apreciado la labor mía de toda mi vida. Tal es la pena, la honda pena con que he vivido (…) esa pena es terrible, es la del artista que suda y trabaja desconocido enteramente, que no sé si lo hubo jamás, pues siempre hay alguien que entienda las obras artísticas, que aprecie un cuadro, un trozo de de música, una poesía, un trozo de prosa”(Cejador y Frauca, 1927).

Desde la galería de retratos, la mirada de Cejador, hoy, tras sus lentes, a buen seguro que es de agradecimiento porque su eco resuene de nuevo entre las paredes de esta bienacogedora y docta institución: el Ateneo de Madrid.

 Anexo - OBRAS:
  • Historia de la lengua y literatura castellanas (1915-1920) (14 vols.)
  • La lengua de Cervantes (1905-1906) (2 vols.)
  • Gramática y Diccionario de la lengua castellana en el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha.
  • Tesoro de la lengua castellana (1908-1914).
  • Gramática griega (1900; segunda edición ampliada, 1928)
  • Diccionario etimológico-analítico latino-castellano (1926)
  • Nuevo método teórico práctico para aprender la lengua latina
  • Vocabulario medieval castellano (1929). (Hay edición facsímil moderna)
  • El lenguaje (1901), (6 vols)
  • Epítome de literatura latina
  • Embriogenia del lenguaje: su estructura y formación primitivas, sacadas del estudio comparativo de los elementos demostrativos de las lenguas (1904).
  • Toponimia hispánica.
  • La verdadera poesía castellana. Floresta de la antigua lírica popular (Antología de la lírica castellana en 6 vols)
  • Tierra y alma de España e Iberia: alfabeto e inscripciones ibéricas.
  • Epistolario de escritores hispanoamericanos, (2 vols)
  • Historia crítica de la antigua lírica popular
  • Lo que dicen las palabras.
  • Los gérmenes del lenguaje. Estudio fisiológico y psicológico de las voces del lenguaje como base para la investigación de sus orígenes (1902)
  • Cabos sueltos. Literatura y Lingüística (1907)
  • Introducción a la ciencia del lenguaje (1911)
  • Fraseología o estilística castellana (1921)
En narrativa:
  • Oro y oropel
  • Trazas de amor. Novela psicológica (1914)
  • Mirando a Loyola. El alma de la Compañía de Jesús
Traducciones:
  • Horacio fiel y delicadamente vuelto en lengua castellana (1928)
Artículos de prensa
  • Cintarazos' (artículos inéditos) (1927) (3 vols.)
  • Pasavolantes. Colección de artículos, (1912)
También elaboró estimables ediciones anotadas del Arcipreste de Hita, Lazarillo de Tormes, 
La Celestina, Mateo Alemán, Los sueños de Quevedo, El Criticón de Baltasar Gracián 
y otros clásicos.


(1) En 1885-1886 nace la Diócesis de Madrid-Alcalá y comienza la andadura del Seminario en precario y de forma provisional, en un caserón de la calle San Justo por intersección de D. Narciso Martínez Izquierdo, primer obispo de la nueva diócesis. En 1901 comienzan las obras del nuevo seminario en el antiguo palacio del Duque de Osuna, partiendo de los planos del Marqués de Cubas y con el toque final de los arquitectos Miguel de Olavarría y Ricardo García Guereta. Su actividad continúa hasta nuestros días.

(2) El resto de áreas son Ciencias Históricas, Ciencias Exactas, Ciencias Morales y Políticas y Ciencias Militares, con profesores de prestigio como Menéndez Pelayo, Mélida, Echegaray, Moreto, Emilia Pardo Bazán… entre otros.

Bibliografía

Cejador y Frauca, Julio. Recuerdos de mi vida. Madrid: Imprenta Radio, 1927. 

Jiménez Soler, Andrés.«Bibliografia», Revista de la Universidad de Zaragoza (octubre-noviembre, 1927); pág. 183 en Marco García, Antonio. Primera aproximación a la figura de Julio Cejador y Frauca [en línea]. Disponible en  http://www.cervantesvirtual.com/obra/primera-aproximacin-a-la-figura-de-julio-cejador-y-frauca-0/

Pérez de Ayala, Ramón. A.M.D.G. La vida en los colegios de jesuitas (1910). Madrid: Cátedra. 1984.

Urquijo, Julio de. La tragedia de Cejador, [en línea].
Disponible http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/riev/18/18513519.pdf



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